Del gusto al fanatismo: el paso

La mayoría de los que pasamos por acá es porque nos consideramos fanáticos de la Reina. Algunos no lo admiten gritándolo a los 4 vientos, pero en la intimidad que se comparte con el equipo de música, computador o “personal estéreo” escuchando Queen terminamos por descubrirlo… canciones que sentimos hasta el alma, que ponen los pelos de punta y a las que le hallamos cada vez más detalles ocultos… un proceso que nos lleva simplemente a admitir ante nosotros mismos que efectivamente somos fanáticos.

¿Pero cuándo es que uno da el paso? Siendo muchos de nosotros admiradores de la música en general hay algo que gatilla en que se reconozca el fanatismo. Fidelidad a Queen ante todo. En lo personal me encantan los Beatles, Elo, Yes, Pink Floyd, Aimee Mann, en fin, demasiadas cosas como para hacer una lista acá. Es más, me trato como una melómana. Pero Queen es caso aparte. ¿Cómo darnos cuenta que no hay paso atrás?

Algunas claves que he considerado tienen que ver con profundizar en los detalles no musicales, es algo que traspasa el gusto meramente artístico, uno comienza a interesarse hasta por los apodos que les tenían a los queenies, las comidas favoritas, con quiénes se casaron, los nombres de las mascotas, y por supuesto todo sobre cómo grabaron y compusieron las canciones. Si usted es un lector no habitual y lee esto porque cree que le gusta Queen entonces tenga cuidado, si está profundizando mucho ya sabe que puede caer en la enfermedad que varios de nosotros padecemos (aunque para mí es una bendición, jajaja).

Ya conociendo un par de temas dan ganas de conocer el resto de canciones esperando encontrar más placer auditivo. Y es así como pasamos una gran prueba, la canciones tipo “humorísticas”. Porque muchos pensamos al principio en qué se fumaron cuando grabaron “Bring back that Leroy Brown”, “Lazing on a Sunday afternoon”, “The millionaire Waltz”, “The fairy feller’s master-stroke”, entre otras varias. Cuando uno entiende el sentido de las canciones, lo que intentan transmitir y sobre todo, logramos ponernos al nivel de la canción y humor, entonces podemos empezar a decir que nos gusta mucho Queen. Cualquiera que las escucha desde afuera cree que son canciones chistosas y fin, pero no, para el queenero tiene una estructura musical más compleja que eso y lo mejor de todo es que realmente las disfrutamos.

Ser un fanático al pie de la letra sale caro. Si uno pudiera comprarse todo lo que quisiera de Queen podría quedarse en la ruina. Da envidia sana esos coleccionistas que tienen mil cosas. Y aunque esos ya no tienen vuelta, y se gastan lo que sea, hay casos como el queenero común que no puede acceder a tanta cosa. Pero el que destina fondos por cualquier pieza que ya no sea un simple póster o álbum original puede que esté cayendo en el fanatismo también. Ejemplos varios: el muñeco de Freddie, vinilos, versiones especiales, box sets, dvd’s, bootleg de lo que sea, calendarios, billeteras, poleras, libros, entre otros. Si usted ya cumple con al menos 3 de los mencionados, empiece a admitir que es un fan. Y no vengan con que no compran cosas originales, porque conozco queeneros que no tienen adquisiciones originales, pero que en formato pirateado tienen más cuestiones que yo y muchos, eso también es un claro síntoma.

Cuando tenemos 15 años las emociones florecen inmaduramente y en forma enérgica. Muchos detestan a las fans que “aman” a los integrantes de Queen, que quieren casarse y tener sexo con ellos. Yo las entiendo, como mujer es normal que les encontremos ese algo, el toque sensual, y es bienvenido que, aparte del deleite musical, los encontremos guapos. ¡Qué tanto! Los hombres se enojan con aquellas quinceañeras que lo dicen, pero si Queen fuera un grupo de mujeres, lo primero que harían cuando vieran sus videos sería mirarles la facha, así que no vengan con tonteras. Este punto es válido, no obstante es insuficiente para declararse fan. Se podría decir que este punto es sólo un plus. Siempre debe sobreponerse la música a estos detalles. Pero hombres, a ustedes me dirijo, las nenas tienen hormonas también, imaginen qué excitante ver a tan buenos músicos y con su gran pinta…(igual eran minos, verdad chicas?). En fin, es otra forma de dar a conocer el fanatismo, pero un agregado más que un síntoma de tomo y lomo.

Si tus amigos te comienzan a decir me acordé de ti porque vi un video de Queen el otro día, o te regalan una polera queenera, un disco, un encendedor con un Freddie estampado, o lo que sea con figuras queeneras, entonces digamos que ya entraste de lleno a la etapa de fan. Si el resto te asocia con Queen, ya caíste.

Los estados más graves de esta enfermedad se traducen en ejemplos claros y contundentes. Acá les van:

– Saberse de memoria de los “Dee–roh” del Wembley.

– Conocer anécdotas de Queen del tipo: “Freddie es una cenicienta”, “Roger quedó con el pelo verde una vez”, “A Brian se le quemaron las botas en una chimenea”, “Freddie tenía un gato llamado Oscar”, entre otros.

– Conocer las canciones de los “lados B”.

– Reconocer la mayoría de los conciertos de Queen, con sólo ver fotos (ésta es una de las más graves a mi juicio).

– Distinguir instrumentos, con marca y modelo, y hasta con los apodos.

– Disfrazarse de algunos de los integrantes.

– Conseguir los audios por más mal que se escuchen de algún concierto random.

– Soñar con Queen.

– Gastar lo que uno no tiene por ir a un concierto, por conseguir un disco, un autógrafo, etcétera.

– Infringir la ley por Queen (ha pasado y es casi demente).

– Por supuesto, un infaltable: ser fan oficial.

– Hacerse un tatuaje queenero.

Y hay otras cosas que ya no son síntomas, sino requisitos. Saberse de memoria Bohemian Rhapsody, por ejemplo.

Cuestiones que rayan en la locura y se alejan de lo sano son, por ejemplo, llorar por que se ama a alguno de los queenies, la intolerancia y aseverar que es la mejor banda del mundo, absolutamente infantil. Escuchar sólo Queen atenta contra las posibilidades del oído humano, y sino me creen ese punto lean el libro “Cómo escuchar la música”, del compositor Aaron Copland.

Los fanáticos de todas las bandas pasan por lo mismo, en eso no somos excepción. No hay que avergonzarse por ser un fan, un real fan. Lo de la enfermedad que cito acá es para dar un tono gracioso, no os sintáis ofendidos, además yo misma cumplo con varios “síntomas”.

Y como consejo jamás crean en aquellos que dicen ser “estudiosos” de Queen y son la media enciclopedia, porque son fanáticos igual que uno, que tratan de parecer indiferentes, pero no, están igual de locos, es sólo que les cuesta expresarlo por miedo al ridículo. Yo ya me resigné hace rato.

Y las preguntas de esta ocasión serían: ¿Cómo te diste cuenta que ya eras un fan? ¿Cuál es tu mayor locura queenera? ¿Qué dato fanático nos faltó por decir?

Nancy Deacon